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Palabras a Europahuerfano de los rios y de los volcanes que me procrearon, a vosotros, sencillos europeos de las calles torcidas, humildes propietarios de la paz y el aceite, sabios tranquilos como el humo, yo os digo: aqui he venido a aprender de vosotros, de unos y otros, de todos, porque de que me serviria la tierra, para que se hicieron el mar y los caminos, sino para ir mirando y aprendiendo de todos los seres un poco. No me cerreis la puerta, como las puertas negras, salpicadas de sangre de mi materna Es. No me mostreis la guadana enemiga ni el escuadron blindado, ni las antiguas horcas para el nuevo ateniense, en las anchas vias gastadas por el resplandor de las uvas. No quiero ver un soldadito muerto con los ojos comidos. Mostradme de una patria a otra el inifinito hilo de la vida cosiendo el traje de la primavera. Mostradme una maquina pura, azul de acero bajo el grueso aceite, lista para avanzar en los trigales. Mostradme el rostro lleno de raices de Leonardo, porque ese rostro es vuestra geografia, y en lo alto de los montes, tantas veces descritos y pintados, vuestras banderas juntas recibiendo el viento electrizado. A vuestras bibliotecas solemnes desde tan lejos he venido. A vuestras fabricas deslumbrantes llego a trabajar un momento y a comer entre los obreros. En vuestras casas entro y salgo. En Venecia, en Hungria la bella, en Copenhague me vereis, en Leningrado, conversando con el joven Pushkin, en Praga con Fucik, con todos los muertos y todos los vivos, con todos los metales verdes del Norte y los claveles de Salerno. Yo soy el testigo que llega a visitar vuestra morada. Ofrecedme la paz y el vino. partes de la primavera. la Brigada Internacional
Volcanes |

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