
  
Te doy mi alma desnuda,
como estatua a la cual ningun cendal escuda.
Desnuda con el puro impudor
de un fruto, de una estrella o una flor;
de todas esas cosas que tienen la infinita
serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas esas cosas,
frutos, astros y rosas,
que no sienten verguenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena
que tuviera una intensa blancura de azucena!
Desnuda, y toda abierta de par en par
por el ansia del amar!
La Hora
Tomame ahora que aun es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tomame ahora que aun es sombria
esta taciturna cabellera mia.
Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligra
la sandalia viva de la primavera.
Ahora que mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Despues..., ah, yo se
que ya nada de eso mas tarde tendre!
Que entonces inutil sera tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
Tomame ahora que aun es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no mas tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mana. Oh amante! no ves
que la enredadera crecera cipres?
Juana de Ibarbourou
Uruguay
Destino de Poeta
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