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Carta Lirica a Otra Mujerconozco yo, y os imagino blanca, debil como los brotes iniciales, pequenia, dulce. Ya ni se... Divina. En vuestros ojos, placidez de lago que se abandona al sol y dulcemente le absorbe su oro mientras todo calla. Y vuestras manos, finas, como aqueste dolor, el mio, que se alarga, alarga, y luego se me muere y se concluye, asi como lo veis, en algun verso. Ah!, sois así? Decidme si en la boca teneis un rumoroso colmenero, si las orejas vuestras son a modo de petalos de rosas ahuecados. Decidme si lloras humildemente, mirando las estrellas tan lejanas, y si en las manos tibias se os aduermen palomas blancas y canarios de oro. Porque todo eso y mas vos sois, sin duda, vos, que teneis el hombre que adoraba entre las manos dulces, vos la bella que habeis matado, sin saberlo acaso, toda esperanza en mi. Vos su criatura. Porque el es todo vuestro: cuerpo y alma estais gustando del amor secreto que guarde silencioso. Dios lo sabe por que yo no alcanzo a penetrarlo. Os lo confieso que una vez estuvo tan cerca de mi brazo, que a extenderlo acaso mia aquella dicha vuestra me fuera ahora. Si!, acaso mia. Mas ved, estaba el alma tan gastada que el brazo mio no alcanzo a extenderse, la sed divina, contenida entonces me pulio el alma. Y el ha sido vuestro! Comprendeis bien? Ahora, en vuestros brazos el se adormece y le decis palabras pequenias y menudas que semejan petalos volanderos y muy blancos. Acaso un ninio rubio vendra luego a copiar en los ojos inocentes los ojos vuestros y los de el unidos en un espejo azul y cristalino. Oh, cenidle la frente! Era tan amplia! Arrancaban tan firmes los cabellos a grandes ondas, que a tenerla cerca no hiciera yo otra cosa que cenirla! Luego, dejad que en vuestras manos vaguen los labios suyos; el me dijo un dia que nada era tan dulce al alma suya como besar las femeninas manos. Y acaso alguna vez, yo, la que anduve vagando por afuera de la vida como aquellos filosofos mendigos que van a las ventanas senoriales a mirar sin envidia toda fiesta me allegue humildemente a vuestro lado y con palabras quedas, susurrantes, os pida vuestras manos un momento para besarlas yo, como el las besa. Y al recubrirlas lenta, lentamente, vaya pensando; aqui se aposentaron. Cuanto tiempo, sus labios, cuanto tiempo en las divinas manos que son suyas? Oh, que amargo deleite, este deleite de buscar huellas suyas y seguirlas, sobre las manos vuestras tan sedosas tan finas, con sus venas tan azules! Oh, que nada podria, ni ser suya, ni dominarle el alma, ni tenerlo rendido aqui a mis pies, recompensarme este horrible deleite de hacer mio un inefable, apasionado rastro. Y alli en vos misma, si, pues sois barrera, barrera ardiente, viva, que al tocarla ya me remueve este cansancio amargo, este silencio de alma en que me escudo, este dolor mortal en que me abismo, esta inmovilidad del sentimiento que solo salta, bruscamente, cuando nada es posible! Alfonsina Storni grosera son mejores, son más educadas que el silencio. Friedrich Wilhelm Nietzsche un rincón porque la tinta es mi sangre y el papel mi corazón. |

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