Habia vivido mucho.
Se apoyaba alli, viejo, en un tronco,
en un gruesisimo tronco, muchas tardes
cuando el sol caia. Yo pasaba por alli
a aquellas horas y me detenia a observarle.
Era viejo y tenia la faz arrugada,
apagados, mas que tristes, los ojos.
Se apoyaba en el tronco, y el sol se
le acercaba primero, le mordia suavemente
los pies y alli se quedaba unos minutos
como acurrucado. Despues ascendia y iba
sumergiendole, anegandole, tirando suavemente
de el, unificandole en su dulce luz.
Oh el viejo vivir, el viejo quedar,
como se desleia! Toda la quemazon,
la historia de la tristeza, el resto
de las arrugas, la miseria de la piel
roida, como iba lentamente limandose
deshaciendose! Como una roca que en el
torrente devastador se va dulcemente
desmoronando, rindiendose a un amor
sonorisimo, asi, en aquel silencio, el
viejo se iba lentamente anulando,
lentamente entregando.
Y yo veia el poderoso sol lentamente
morderle con mucho amor y adormirle para
asi poco a poco tomarle para asi poquito
a poco disolverle en su luz, como una
madre que a su nino suavisimamente en su
seno lo reinstalase.
Yo pasaba y lo veia.
Pero a veces no veia sino un sutilisimo resto.
Apenas un levisimo encaje del ser. Lo que
quedaba despues que el viejo amoroso, el viejo
dulce, habia pasado ya a ser la luz y
despaciosimamente era arrastrado en los rayos
postreros del sol, como tantas otras invisibles
cosas del mundo.
No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.
Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mencion, y arden tus dedos,
como una nieve subita.
Esta y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frio quema y en tus ojos nace
su memoria . Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.
Con dignidad murio. Su sombra cruza.